Las enseñanzas digitales de Ivana Nadal, autopercibida gurú de Instagram

Tras descubrir que la televisión es cínica, Ivana Nadal abandona su participación como panelista en Bendita TV y empieza a predicar espiritualidad desde su cuenta de Instagram. En su bío leemos: “Comparto mis experiencias de vida, brindando herramientas con mucho amor, para DESPERTAR CONSCIENCIAS”. Y agrega emojis de cabezas reventando, estrellitas y ovnis. ¿Su capital de seguidores? 2,6 millones.

Con voz dulce, mirada blanda y gestualidad adormecida, Ivana sorprende por la inoperancia de sus herramientas. Son consejos vacíos, cáscaras de ensueño. ¿Qué significa “abrir el alma y dejar entrar el amor”, “vivir el presente” o que “todo pasa por algo”?

Con frecuencia es bullyneada porque afirma que la muerte de un hijo se supera con buena vibra o porque a un orzuelo hay que sanarlo con energía. Esto no debería indignar, forma parte del paquete new age. Ivana habla en piloto automático, no comprende que sus prédicas están al servicio de una ideología que la antecede.

Ivana, como todos, es un sujeto histórico: nace en Occidente y se educa bajo la racionalidad occidental. A este tipo de cognición se le anexa un embutido filosófico, mezcla de misticismo cristiano y nirvana budista, dos estados que requerían del aprendizaje de técnicas corporales y de la severidad de rituales. La New Age omite toda tradición religiosa para ofrecer un consumo de experiencias que se amoldan a nuestra impaciencia y al principio de productividad. Cuando Ivana dice: “Sea lo que sea que tengas, vos podés estar bien, ser lo que vos quieras ser”, está cuestionando nuestra meritocracia, nos responsabiliza por nuestras carencias y nuestros malestares.

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La efectividad de Ivana no se cifra en sus balbuceos, sino en la simbología exitosa que la acompaña: cuerpo escultórico, buen pasar económico delatable en una vivienda cool con muebles de diseño, ropa de categoría, canje de cosméticos y un novio que le profesa “amor verdadero”.

Autopercibirse pleno no es un truco de conciencia; depende tanto de la suerte como del cumplimiento del contrato social. Toda felicidad parte de necesidades básicas consensuadas por una comunidad.

El despertar como «gurú» vía Instagram

Ivana elige ser gurú gracias a condicionantes previos a su «despertar»: modelaje, estadía en la televisión y, por sobre todas las cosas, la existencia de Instagram. Esta red social será clave para comprender a Ivana, porque su discurso es absorbido por las potencialidades de la plataforma.

La compulsión por subir contenido a diario ya estructura un pensamiento que hace de la imagen reciclable un OK ontológico. A su vez, la repetición de abstracciones sentimentales calza perfecto con la fragmentación digital. No importa cuándo consumimos a Ivana, siempre dirá lo mismo, es un continuum sin memoria, un sistema sin evolución.

La empatía que reclama tampoco requiere la confrontación con el otro. Es una empatía que puede ser neuróticamente editada por las disposiciones instrumentales de Instagram: “Yo puedo bloquear a la gente que yo quiero o la puedo dejar entrar para que se instale en mi corazón”.

Nunca resultó tan fácil vivir el presente si el presente responde a la línea editorial del ego. Como en la televisión, pero a escala individual.

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