La relación de Diego con el rock: la banca incondicional a un rebelde sin pausas

La historia es conocida y, hoy, muy explotada. Diego Armando Maradona, el mejor futbolista de todos los tiempos, le hace un gol con la mano a la selección inglesa en cuartos de final del Mundial del ‘86, jugado en México.

Ese hecho tiene implicancias varias. Para el libro de los mundiales, se trató de un gol ilegítimo que precedió a otro, el más hermoso de todas las competencias ecuménicas.

Para los argentinos, una forma (absurda, hay que decirlo) de hacerle pagar al imperialismo británico los ultrajes de la guerra de Malvinas.

Para los ingleses, el mejor gol de la historia es apenas “el otro gol”, porque señalan prioritariamente al primero como un monumento a la trampa, un insulto.

Y para el rock, el incidente es la prueba más contundente de la rebeldía de Diego, un cabecita negra que consiguió incomodar a las más encumbradas estructuras de poder, aunque a veces fue complaciente con ellas. 

Es más, hoy, “La mano de Dios” es marca registrada para el rockero medio. De hecho, el productor Héctor Emaides pensó en capitalizar la expresión en pleno fervor mundialista (el de Corea – Japón de 2002) para promocionar un concierto de Los Piojos en el Pajas Blancas Center. Emaides pensó en un afiche que tiene a la emblemática foto de Diego anticipándose al arquero inglés Peter Shilton, sólo que la remera que viste “el Diez” es negra y con el logo piojoso.

Ya se sabe, Los Piojos fue una banda fundamental en eso de pensar el rock en clave futbolera, o en pensar el rock como un movimiento uniforme, sin dobleces. Hay más, el grupo de El Palomar reforzó una tendencia que a mediados de los ‘90 ya se insinuaba en el rock con cierto peso, a saber: la de reivindicar a Diego Armando Maradona mediante una canción.

El cantante Andrés Ciro Martínez compuso Maradó cuando Los Piojos consolidaron su arrastre popular en el disco Tercer arco (1996), a 10 del año de la hazaña.

La canción, que se puede ubicar en el track 10 del disco, reivindica al Maradona luchador y empieza con un recitado. Pero el pasaje que mayor compatibilidad tiene con estos tiempos es “guarden los corchos para un bote hacer / que viene el río del hambre y la sed /y ya no hay goles que den de morfar…”

La contundente pluma de Martínez puede perder sustento cuando se lo ve al rocker muy entreverado con la corte “maradonista” (Los Piojos tocaron en los 15 de Dalma Maradona, cuando la Bombonera fue salón de fiestas), que es carne para programas de chimentos y políticos oportunistas. 

Pero en 1996, a la hora de hablar con el suplemento de Espectáculos de La Voz del Interior sobre el tipo de relación que mantenia con él, Martínez limitó todo a la palabra “afinidad”.

“Independientemente de todo lo que significa, tengo afinidad con Diego. Me sorprende, a veces, con su claridad conceptual. Conocerlo fue una experiencia inolvidable, la que hubiese vivido cualquier argentino de haberlo tenido a mano”, dijo Martínez, quien a su vez aclaró que no tomaba distancia con el astro cuando éste adhería a cuestiona espinosas o reivindicaba a personajes incorrectos. 

“No, para nada. Cada uno tiene libertad para adherir a lo que quiera. Puedo no estar de acuerdo con él, pero de ahí a tomar distancia…”, precisó el cantante en la antesala del partido contra Inglaterra en la fase de grupos. 

–¿Qué esperás y querés que pase con el partido del viernes (por el Argentina – Inglaterra de 2002)?

–Quiero que la selección les pase por encima. No tenemos que empatar, les tenemos que ganar por varios goles, aplastarlos.

–¿Te rebelás contra el imperialismo británico?

–No, pido algo que cualquier futbolero medio querría, ganar un clásico. De hecho pienso que el fútbol no debe ser la excusa para evadirnos de la realidad; no tiene que ser metáfora de nada. Argentina e Inglaterra, después de todo, no es más que un partido de fútbol. Pero es un clásico y hay que ganarlo. Porque no me vas a decir que no es lo mismo ganarle a los ingleses que a los croatas. Además, tenemos amigos en la selección como (Javier) Zanetti, (Germán) Burgos, (Juan Pablo Sorín), (Pablo) Aimar, (Diego) Placente y (Claudio) Hussain.

Páez, pionero

Las reivindicaciones rockeras de la figura de Diego Armando Maradona se dieron en su mayoría en los ‘90 y fueron tardías, si se tiene en cuenta que fue en esa década que Diego jugó su último Mundial y se retiró del fútbol.

Es que en la década anterior el rock todavía no estaba anclado en lo que pasaba en la esquina y, por ende, Maradona era apenas un fetiche “grasa”.

Por entonces, el crossover artístico de «El Diego” consistía en una grabación con Pimpinela, un tango entonado en lo de Antonio Gasalla y una participación en un sketch con Juan Carlos Altavista, “Minguito”.

El rock, entretanto, tenía a Maradona como mera referencia futbolística.

Virus fue la prueba. En la canción Me fascina la parrilla, Federico Moura cantaba: “Por esta zona lo tenemo’ a Maradona /y minas monas para ir a bailar”. Charly García también aportó una referencia la noche que, en el ‘83 y en la presentación de Clics modernos, se bajó los pantalones en Atenas. Entonces, cambió la letra de Yendo de la cama al living y gritó: “Podés ser como Maradona y ser una bosta de persona”.

Fue Fito Páez el primer rockero en reivindicar a Diego como máximo generador de alegría popular. Su exaltación fue implícita, dado que en ningún tramo de la lírica de la canción Y dale alegría a mi corazón está escrito el nombre Maradona, aunque en el sobre interno haya una foto suya “a cococho” de un hincha y levantando la copa conseguida en el ‘86. Páez da en el clavo. Le pide al ídolo un resarcimiento emocional ante tanto desgaste cotidiano. “Y dale alegría / alegría por favor / que así se irán las penas y el dolor”.

Recién en el ‘92 la banda franco hispana Mano Negra recogió el guante de Páez, aunque su homenaje Santa Maradona se tiraba contra el imperio “corta piernas” de la Fifa.

Esta formación alentó las miradas complacientes del rock argentino respecto de Diego. Así, en el desarrollo de los ‘90, y a excepción de sentidas aproximaciones como las de los grupos El Ombú (Un Mercedes anda en Paternal) y Los Cafres (Capitán Pelusa), que hablan de adicciones y estrellato, nuestro rock fue complaciente con Maradona. 

Ningún grupo cuestionó su cercanía con el menemismo ni su prepotencia ni su exhibicionismo mediático.

Pasó Andrés Calamaro (Maradona, con su categórica «Maradona no es una persona cualquiera»), García (Maradona blues) y Ratones Paranoicos, quienes en la adaptación del hit Para siempre para la despedida de Diego encontraron un bálsamo para reimpulsar su carrera.

Pero fue un cordobés el que popularizó la mejor oda a «Pelusa» y convirtió a La mano de Dios en marca registrada. Se llamó Rodrigo. Y fue cuartetero.

Homenaje permanente

Más plumas. Entre ellas están La canción del brujito, de Peteco Carabajal, y Dale diez, de Julio Lacarra; dos precisos cronistas de nuestro tiempo.

Los ‘80, cero rock

Sólo referencias. En la década del ‘80, el rock consideró a Maradona un ícono “grasa” y respecto de su figura sólo hubo referencias.

Pimpinela y demás. El dúo de los hermanos Joaquín y Lucía Galán fue pionero en tener a Maradona disponible para el canto. Con el astro grabaron Querida amiga. Calamaro logró lo mismo, pero varios años después.

Los ‘90, la fascinación

El aguante. Después de Fito Páez y Mano Negra, el rock descubrió a Maradona como emblema de auténtica rebeldía. Los Piojos, Los Cadillacs, Calamaro, Charly García y Los Calzones, entre otros, dejaron su canción homenaje.

Rodrigo, el único. Rodrigo compuso La mano de Dios, oda cuartetera considerada como la mejor reivindicación musical al “Diez”. Se baila en casamientos y se difunde en los documentales de Diego.

 

Los Piojos, junto a Diego en los camarines de Obras Sanitarias.

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