La nueva realidad redefinirá el concepto de espectador en los shows

En 2021, los shows de música exigirán un nivel de responsabilidad social que, probablemente, condicione pautas de comportamiento históricas.

Hay un sustantivo que le queda justo a la nueva realidad en materia de shows de música: incertidumbre.

Porque si bien se ha promulgado un protocolo nacional al respecto, las autoridades de aplicación (las municipalidades) pasan sus días sopesando sus respectivos estándares sanitarios y posibilidades de sostenibilidad económica en función de estos. En este contexto, ninguna autoridad quiere un rebrote en el medio de un show o un festival.

Pero más allá de resoluciones, más allá de en manos de quién esté la pelota administrativa, prevalece la sensación de que los recitales por venir exigirán una redefinición actitudinal del espectador, y también limitar los réditos económicos del músico y del productor.

La endeble “responsabilidad” social era fundamental en la vieja realidad, pero rara vez respetada en algunos órdenes, hasta que pasó Cromañón. Bueno, ahora tampoco habrá margen para desafiarla, por cuanto todo parece indicar que el espectador será “sujeto a normas” o no será.

Al ingresar al espacio, deberá mostrar la declaración jurada de salud vigente; tener una temperatura igual o inferior a 37,5° C; no concurrir en caso de sospecha o diagnóstico de Covid-19, o contacto con alguna persona con un resultado confirmado; usar tapabocas/barbijo en forma permanente; circular con las medidas de control y prevención dispuestas en las instalaciones; llegar en el horario establecido en la entrada y, por supuesto, respetar los dos metros de distanciamiento.

Pogo en cuclillas, sobre butacas o en el lugar, ¿es pogo? La pandemia nos exige renuncias culturales para que sobrevivan los sectores vinculados a la producción de conciertos.

Más preguntas que flotan en el ambiente: ¿cómo será el Lollapalooza Argentina reprogramado? ¿Metallica y Kiss agregarán fechas para cuidar a su público o cancelarán definitivamente?

Mal pronóstico

La vacuna es la zanahoria para volver a la vieja realidad, pero (siempre hay peros por ahora) aún no está definido un cronograma para aplicársela ni se sabe a ciencia cierta si, una vez con su fórmula en nuestros organismos, podremos resetear los usos y las costumbres preventivos incorporados durante la pandemia.

“2021 está prácticamente perdido”, dicen productores y artistas, aunque no se dan por vencidos y generan reuniones con gobernadores e intendentes; programan, si es que tienen el visto bueno de la autoridad de aplicación del protocolo nacional vigente, y esperan lo mejor dentro de un panorama inimaginable a fines de 2019.

En aquel “ayer nomás”, el desafío era sobrevivir a la recesión económica superpoblando la cartelera, con la esperanza de que un nuevo gobierno mejorara ciertos estándares para un despegue que volviera “razonable” la realización de shows.

La pandemia sepultó aquella expectativa. Y fue más allá: se llevó puestos tanto a pequeños espacios funcionales, a lo emergente como a un gigante como el Orfeo.

La actualidad del domo de Rodríguez del Busto, en la capital provincial, es el mejor símbolo de este momento angustioso y desconcertante: pasará de referencia insoslayable del entretenimiento latinoamericano en la escala global a consultorio de unas importantes firmas sanitarias.

Un show en Barcelona, en el que los espectadores fueron testeados por Covid-19 antes de ingresar. (AP).
Un show en Barcelona, en el que los espectadores fueron testeados por Covid-19 antes de ingresar. (AP).
Un show en Barcelona, en el que los espectadores fueron testeados por Covid-19 antes de ingresar. (AP).
Un show en Barcelona, en el que los espectadores fueron testeados por Covid-19 antes de ingresar. (AP).

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