A Yanina Latorre le falta una vacuna contra la vanidad en redes

Yanina Latorre sumó un humillante escandalete más a su vasto prontuario de polémicas mediáticas, que en este caso, además, tuvo alcance continental. 

Para quien no estaba al tanto: la panelista de Los ángeles de la mañana se fue a Miami el 3 de enero para pasar sus vacaciones junto a su madre, Dora Camaño, y sus hijos. 

Una vez allá, desde sus redes sociales hizo todo el alarde posible para decir que consiguió aplicarle a su mamá (de 80 años) la vacuna de Pfizer contra el coronavirus. Lo hizo luego de conseguir un turno para la campaña de vacunación gratuita y masiva que empezó a implementar el Gobierno de Estados Unidos. 

Latorre habría aprovechado una suerte de zona gris que no aclara si la vacuna se podía aplicar a turistas, aunque para obtener el turno habría utilizado un ID de un residente norteamericano.

El tema cobró tal atención mediática en Florida que hasta el alcalde de Miami, Francis Suárez, repudió el hecho y prometió revisar la metodología por algo lógico: que la prioridad la tengan los residentes y no aquellos que, incluso en tiempos de una feroz pandemia, tienen los medios como para viajar y, de paso, hacer “turismo sanitario”. 

Posteo, luego existo

¿Está mal que Yanina Latorre haya hecho todo lo posible por vacunar (por el momento sólo con la primera dosis) ni más ni menos que a su madre? Ojalá todos tuviéramos una oportunidad así, hablando con absoluta honestidad. 

Y en principio, según Soledad Cedro, vocera del alcalde, sería un caso que no fue “ilegal, sino poco ético”. La famosa avivada criolla que tanta mala fama nos ha costado a los argentinos en el mundo. 

El problema de Yanina Latorre es que, subyugada por su lógica de influencer, es como que si algo no pasa en las redes, no existe. 

No le fue suficiente haber conseguido ni más ni menos que su madre obtuviera la protección contra el virus: tenía que montar en torno a ella su show de ostentación, de vida de rico, “yo puedo hacerlo porque tengo plata”, y refregárselo en la cara a todo el mundo. En su egolatría adolescente, la vacunación recién se completaba con este acto público. 

Y cuando la cuestionaron en redes, y ella ensayó su defensa, dejó expuesto el resto de su pensamiento. Primero, dijo que estaba en Miami porque allá “hay más distancia”. “En Argentina están todos uno arriba del otro y acá está tan lleno de gente divina que la estamos pasando bomba”, disparó con tanta arrogancia como desprecio por su país. 

Después dejó otra prueba de cuánto puede confundir la supuesta fama de las redes. «Yo estoy bárbara, me encanta todo esto que se genera con cada cosa que hago. La gente conmigo es un amor, los cubanos, los latinos que viven acá, me abrazan. Lo que me llama la atención es que Miami es un lugar que lo hicieron los latinos y los extranjeros, y todos han sufrido y les costó mucho tener residencia. Yo llevé a vacunar a mamá porque me lo ofreció alguien que vive acá», dijo, quedándose a dos casilleros de la apropiación cultural, erigiéndose casi como la abanderada de los que consiguieron cumplir la épica del sueño americano. 

En definitiva, el pecado último de Yanina Latorre es ni más ni menos que ser en extremo vanidosa, en un momento particularmente sensible y complicado para millones de personas en el mundo. Y para eso, por el momento, no hay vacuna disponible.

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