Kevin Johansen: La corrección política va en contra de la libertad artística

Kevin Johansen es una de esas personalidades con las que uno podría quedarse charlando por horas, a pesar de ser la primera vez. Hay un grado de confianza y de humor en su trato que hace que todo fluya, ahora que el flow está tan de moda.

Nacido en Alaska, este músico tiene mucho para hablar de Estados Unidos, lugar en el que vivió durante su infancia y en su juventud. Entonces, es inevitable preguntarle por el ¿derrumbe? del trumpismo y el estado actual de esa sociedad de la cual nos llegan noticias todo el tiempo. 

Asegura que está muy al tanto porque siempre mira las noticias desde los dos lados de «la grieta yanqui». CNN y FOX (ahora Star Channel) tienen dos visiones contrapuestas sobre la realidad norteamericana y Johansen lo sintetiza: «Nuestra grieta es un poroto comparada con la yanqui». Y se ríe como para desdramatizar un poco. 

«Desde hace tiempo, percibo que en Estados Unidos repiten, como en todas las sociedades, las cosas malas. Ellos tienen muy metido el racismo, el clasismo, cosas de división que Donald Trump supo capitalizar», dice, ahora muy en serio.

Y sobre los hechos de violencia alentados por el ahora expresidente norteamericano, el músico dice: «Viví con mucho asombro lo que pasó y con alegría que Trump perdiera. A todos nos resultó muy asombroso que el tipo esté tan loco que no admita una derrota. Eso fue la gota que rebalsó el vaso. Yo tenía la sensación de que él iba a terminar mal, pero la gente como él quiere que todo termine mal. Es tan egomaníaca que piensan: ‘Se me pudre a mí, se les pudre a todos'». 

Sin embargo, no se trata sólo de Trump, sino de parte de un electorado que apoya ciertas manifestaciones por fuera de la democracia, entonces Johansen se sincera: «Para mí, esa es una sociedad que está bastante loca. Ojalá que la cordura prime porque el gringo piola es hermoso y hay gente increíble que acepta las diferencias y las celebra. Es un país hecho sobre la base de la inmigración, y ahora la inmigración cambió y hay que aceptar a los que vienen a trabajar dignamente». 

Consultado sobre el llamado «boom de la música latina», que tiene impacto sobre todo en los países del norte, él la define como «una ebullición» muy potente, pero suma: «Hay muchas quejas sobre la música comercial y la fábrica de hacer chorizo que siempre ha existido. Ya lo dijo Charly (García): ‘Siempre habrá música comercial para llenar estadios’. Después hay artistas a los que les cuesta llenar un teatro. Eso siempre ha pasado. Pero también hay muchos que llegan a la gente por decantación o por goteo».

Y cierra: «Mis hijos me muestran cosas que yo no escucharía para nada. Mi hijo de 13 años me muestra los nuevos traperos que le gustan y la de 17 me muestra pop universal que le copa. Escucho para ver cómo están producidas las cosas y si hay detrás un buen productor o productora. Yo quiero ser un artista permeable, más allá de mi impronta y mi personalidad». 

Quedarse quieto

De alma y vida nómade, el compositor hizo un cambio con el nacimiento de sus últimos hijos y de a poco se fue reencontrando con un presente más hogareño que la pandemia terminó de decantar, y eso hizo que «el golpe no fuera tan duro».

Al principio, como todo el mundo, sintió un «shock fuerte», pero pronto –fiel a su optimismo– encontró las formas de adaptarse. «Hubo que reaprender cosas como la paciencia y la resiliencia. Empezás a descubrir cosas en vos o a recordar cosas que tenías adentro y que a lo mejor habías olvidado un poco», dice. 

Y sintetiza: «Creo que todos tuvimos el mismo desafío: ‘A ver cómo me banco primordialmente a mí mismo y luego a los demás miembros de mi familia’. Acá lo llevamos muy bien y con mucho amor, era lo único que podíamos hacer». 

Y para ejemplificar cómo fueron esos meses de vida intramuros y de composición sin frenos, dice que con un vino pasó madrugadas en el living de su casa craneando canciones: «Cuando encuentro un momento de soledad, a la 1 o a las 2 de la mañana, con un vinito por ahí compongo en el living. Y ahí dejo liberar un poco las ideas».

A la hora de crear música, se define como «muy prolífico», y como «muy clásico» a la hora de grabarlas en un estudio. «Tengo ideas, semillas que pueden ser un título o una melodía. Luego las voy armando con el tiempo. Algunas son tan sencillas como los tres o cuatro minutos que duran, y otras tan complejas que termino haciéndolas en 25 años, como si fuera ciencia nuclear», dice y se vuelve a reír. 

Y cierra: «En pandemia no varió tanto mi capacidad de registrar cosas, pero sí me di cuenta de que lo que estaba componiendo estaba teñido de otra energía, y eso se nota».

Orgullo de padre

Miranda Johansen, hija del compositor, está tomando vuelo propio con una carrera artística imposible de encasillar entre la música y el audiovisual. De hecho, padre e hija grabaron una sesión especial durante la pandemia en la que se vio esa energía particular de dos personas que se quieren y comparten una pasión.

«Se me cae la baba de padre y estoy muy orgulloso. La pasamos muy bien porque ella tenía ganas de compartir canciones conmigo”, dice Johansen. Y asegura que no puede ser objetivo porque es su hija, pero que nota en ella «una madurez y una búsqueda propia». 

Y pone un ejemplo: «Teloneó a Jorge Drexler. Cantó mientras la gente entraba; y cuando terminó el recital, le pregunté: ‘¿La pasaste bien, estabas nerviosa?’. Y ella me respondió: ‘Papá, yo quiero vivir allá arriba, lo disfruto, no la paso mal, me encanta. Es algo que me produce goce y disfrute'».

Y como harían muchos padres, se pone a buscar entre sus recuerdos aquellos en los que Miranda perfilaba como artista: «Desde chica ya le gustaba el escenario y se sentía muy cómoda. Yo tengo amigos músicos muy grosos a los que el escenario les produce ‘cuiqui’. En su caso hay disfrute… y uno, como padre, quiere que los hijos disfruten. Y si ella la pasa bomba, genial».

Lo nuevo

A propósito de su último disco, Algo ritmos, y de su vínculo honesto con las redes, cabe preguntarle cuál cree que es el límite de «lo mostrable». Johansen asegura que la conexión con el público es el trabajo del artista: «Trabajamos de conectar con un público. Y es milagroso encontrar quien te interprete o te entienda, aunque no pase siempre».

Admite que le divierte comentar cosas en las redes y que no teme hablar de temas políticos o apoyar alguna causa: «Pero no quiero caer en la solemnidad o en la corrección política, que va medio en contra de la libertad artística. Es un hilo delgado». 

Entre risas, comenta que a él no le gusta comentar su vida amorosa en redes porque es muy personal: «No me gusta publicitar mi vida y no me interesa saber sobre la de los demás».

Para ver

Kevin Johansen + The Nada. Viernes 12 de marzo, a las 22, en Quality Estadio. Entradas, desde $ 1.100, a la venta en ticketek.com.ar.

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El músico regresa a Córdoba (Foto: Andy Cherniavsky e Hilda Lizarazu)

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